Capítulo 4.-♥
– ¡Hayley! – Dijo Michael, lanzándose bruscamente contra la joven.
– ¡Tonto! – Dijo haciendo puchero – Me asustaste.
– Ese era mi objetivo – Sonrió.
– No me pongas esa carita – Dijo simulando estar enojada.
– Esta bien – Volvió a sonreír.
Juntos, pasaban desde muy temprano hasta pasada la media noche, sentados en algún parque o en la playa, a conversar y mirar el cielo.
El cielo estaba gris, las nubes lo cubrían por completo, dejando el espacio necesario para dejar pasar la luz de la luna. Pequeñas gotitas caían de las nubes. Hayley estaba sola, sentada en uno de los asientos del parque, su rostro demostraba tristeza, su mirada expresaba confusión. ¿Dónde estaba él? ¿Por qué se había ido? Pero sólo había un trozo de papel mojado por la lluvia, con unas cuantas palabras escritas;
"Lo siento Hayley, lamento dejarte sola.
Aunque no puedas verme siempre estaré contigo. Te quiero mucho y espero verte pronto. ~ Michael."
Tomó el papel, lo dobló para luego guardarlo en el bolsillo de su chaqueta y levantarse del asiento y caminar sin rumbo.
Pequeñas películas, de recuerdos venían a su mente, su infancia junto a su madre, ver a su padre marcharse de casa, ver partir a su madre... Michael. ¿Por qué él era tan imprescindible en su vida? Hacía un tiempo, sólo era un desconocido que había salvado su vida, poco a poco se fue ganando un pequeño pero importante espacio en su corazón, volviéndose dependiente de su presencia.
El tiempo pasaba, pero él no volvía y ella parecía perderse en un mundo inexistente, en fantasías, en vicios, prácticamente vivía en la calle, vagando de un lugar a otro.
– ¡Hey tú! – Gritó.
– ¿Qué quieres? – La miró de pies a cabeza.
– No te hagas el estúpido.
– Sin dinero no hay mercancía – Impuso.
– Esta bien – Dijo sacando unos cuantos dólares – ¿Contento? – Preguntó sarcásticamente.
– Mucho, mi querida Hayley – Sonrió.
– Eres un zángano Ryan – Dijo tomando uno de los cigarrillos que Ryan le había entregado anteriormente.
– ¿Por qué? Tú eres la que me busca para acabar con su vida con drogas y alcohol.
Ella sólo se llevo el cigarrillo a la boca.
– ¿Qué acaso no lo ves? Eres una drogadicta, alcohólica y además una maldita....
– ¿Una maldita qué? Dilo, tú sabes que soy – Dijo interrumpiéndolo.
Él solo la miró.
– Perdón – Musitó.
– No importa, eso no me dolió, ya nada me duele Ryan. Sé quién soy y que hago.
– ¿Por qué lo haces Hayley? Podrías cambiar tu forma de vivir, podrías empezar de nuevo.
– ¿Empezar qué? Si lo que yo tengo, no es una vida, no es nada y eso lo sabemos tú y yo.
– Puedes intentarlo.
– No tengo por que o quien hacerlo.
– Por ti – Sonrió.
– Gracias por hablarme así, pero no – Sonrió – Ahora pasame esa bendita botella Ryan Smith – Rió.
Ryan Smith había sido un ''conocido'' de Sophie, una amiga de trabajo de Hayley, quién los presentó y ofreció sus ''humildes servicios'' como él mismo solía decir. Se conocían hacía cerca de 2 o 3 años y se juntaban a beber y fumar algunos días. A pesar de que Ryan vendía las drogas a Hayley, estaba en contra de la vida que ella llevaba.
– Ryan, debo irme – Dijo viendo la hora en su reloj de muñeca.
– Hayley, no vayas por favor – Musitó viendo al suelo.
– Tengo que hacerlo.
Ryan sólo se quedó en silencio, viendo como su amiga se alejaba y casi se hacía un pequeño punto en la calle.