
– ¡Espera! – Creyó oír, pero pensó que sólo era su imaginación – ¡Espera! – Volvió a escuchar.
Detuvo su mano, aún con el vidrio apoyado en su muñeca, observándolo. Era como si su conciencia le hablara o alguien que sabía lo que haría.
Pero ignoró aquella voz, y dejó que su mano deslice el vidrio por su muñeca. Pequeñas gotas de sangre resbalaban por su mano, que poco a poco iba tomando un tono rojizo, mientras que con su otra mano, que aún conservaba su pálido color, como siempre, arrojó el pedazo de vidrio al mar.
– ¡Oh Dios! ¿Qué hiciste? – Preguntó observando la mano de Hayley.
– ¡A quién demonios le importa! – Expreso ella, con su vista aún perdida.
– Tenemos que ir a un hospital, te desangrarás.
– ¿Quién demonios eres tú, para decirme que tengo que hacer? No te importo, no me conoces, ¡déjame en paz!
– Eso no importa ahora, solo tu vida. Dime tu nombre ¿si?
– Hayley – Contestó secamente.
– Hayley, por favor, vamos a un hospital.
– ¿Quién demonios eres y por qué te interesa mi vida?
– Soy Michael y no creo que deberías buscar el suicidio como una forma fácil de escapar de los problemas, ¡Vamos a un hospital! Hayley, por favor.
Ella no pudo responder, cayó desmayada en los brazos de aquel desconocido, que sin buscar algo a cambio, se intereso en la vida de una chica, que tal vez no tenía a nadie en este mundo. Él rompió la manga de su camisa, para de alguna forma tratar de detener la sangre que brotaba descontroladamente del brazo de Hayley, la tomó en sus brazos y se dirigió a su auto. Al llegar al estacionamiento, dejó a la chica delicadamente en el asiento del copiloto y cerró la puerta, una vez los dos dentro del auto, Michael lo hecho a andar para dirigirse al hospital.
Él la miraba y la veía tan frágil, tan indefensa y a la vez se preguntaba: ¿por qué lo había hecho? Aquella pregunta se repetía una y otra vez.
Al llegar al hospital, Hayley fue ingresada de urgencia, siendo a los pocos minutos tratada por un doctor, para poder detener la sangre, siendo necesario ponerle puntos en su muñeca. Había perdido muchísima sangre.
– ¿Michael?
– Soy yo doctor, ¿que ocurre con Hayley? – Su voz denotaba nerviosismo y miedo.
– Lo que debo decirle es bastante delicado, la paciente cuando ingreso, había perdido mucha sangre a causa del corte en su muñeca, nos fue muy difícil detener la hemorragia, y al perder la cantidad de sangre que Hayley perdió, se desarrollo una leusemia. Es necesario conseguir dadores de sangre para poder salvarla, de lo contrario, temo que ella fallecerá muy pronto.
– ¿Qué se requiere para las transfusiones?
– Dadores de sangre, mayores de 18 años. El tipo de sangre que Hayley posee es muy difícil de encontrar, afortunadamente, en el hospital la hay, pero aún no sabemos si la cantidad necesaria.
Michael lanzó un pequeño suspiro.
Los minutos pasaban y la tarde se hacía presente. Michael abría la puerta de la habitación lentamente, para no molestar a Hayley.
Se veía aún más pálida de lo normal y estaba rodeada de tubos y máquinas en constante funcionamiento, sus ojos estaban cerrados y ella dormía. A él no le gustaba verla así, no le gustaría ver a nadie así y prefería ser él, daría su vida por no ver a alguien sufrir.
– ¿Qué te hicieron Hayley? – Susurró – ¿Por qué querías acabar de esa forma con tu vida? ¿Quién te hirió? ¿Por qué? – Murmuro cerrando sus ojos y tomando las manos de la joven con las suyas.
Sintió una leve presión en sus manos, era ella. Su sonrisa fue apareciendo poco a poco, su rostro se iluminaba. Los ojos de ella se abrieron lenta y débilmente.
- "What can you do when your good isn't good enough and all that you touch tumbles down?
cause my best intentions keep making a mess of things, I just wanna fix it somehow, but how many times will it take?" -
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