domingo, 16 de septiembre de 2012

Save Me From Myself; Jar Of Hearts



Capítulo 40



- Pensaba que en tí había encontrado a alguien que nunca me pondría un dedo encima de esta forma, pero no lo voy a permitir, no de nuevo - Dijo mientras tomaba una pastilla en sus manos y la dejaba en su boca, para luego tomar un sorbo de agua - Quiero que te marches de mi casa, no quiero verte nunca más Michael.


Luego de pronunciar lo anterior, salió del baño para cambiar el pijama que traía puesto, por ropa normal, salió de la casa dejando a Michael congelado.
Hayley corrió por la playa, mientras que por sus mejillas caían una tras otra, pequeñas lágrimas de cristal. Mientras Michael, desde el balcón la observaba.

Sus pies de porcelana, descalzos avanzaban a mediana velocidad por la playa, estaba enojada pero por sobretodo estaba triste. Se detuvo en seco frente a las olas que rompían en la orilla de la playa y a la distancia sintió una voz decir su nombre. Volteó hacia el costado y al ver que Michael avanzaba hacia ella corriendo, decidió irse lo más rápido que pudo.

- ¡Déjame en paz! - Exclamó extendiendo sus brazos en el aire. - ¿No entiendes que me hace daño estar contigo? ¿No entiendes que lo único que quiero es ser... feliz?
- Hayley... - Balbuceo entre sollozos y lamentaciones, pero ella lo interrumpió antes de que pronunciara otro vocablo.
- Toda mi vida he buscado como ser feliz, pero aun no se como y no quiero... no quiero una relación que me lastime y te lastime a ti también - Hizo una breve pausa, para secar sus lágrimas. - Se que puedes encontrar a alguien mejor que yo, alguien que no te haga pasar por estas cosas, que solo yo debería vivir, porque tal vez me las merezco. Puedes ir con Nicole, después de todo tienen una hija en común o... volver con Lisa, no lo sé.
- Espera... Espera, ¿Tú...estas terminando conmigo?¿Me estas dejando? - Exclamó atónito.
- Es lo mejor, ya no quiero estar contigo Michael.
- Hayley... Hago todo lo que me pidas, pero solo necesito algo.
- ¿Qué?
- Mírame a los ojos y dime que no me amas, que no quieres volverme a ver y yo lo haré, aunque me mate por dentro - Murmuró tomando las manos de la chica.

¿Como haces para mirar a los ojos a la persona que amas, para decirle lo opuesto a lo que sientes? 
Ella no sabía que hacer, tenía unas enormes ganas de gritar, gritar muy fuerte y llorar, pero tenía enfrente a la persona que amaba y... debía contestarle, debía convencerlo de abandonarla después de todo, era por su bien.
Debía mentirle.

- Ya no te amo - Dijo de un instante a otro, tan fría como un témpano, mientras su rostro se tornaba inexpresivo y sus lágrimas desaparecían. - Ya no te amo y estoy terminando contigo, lo nuestro ya no existe Michael, ni los ángeles podrán recordarlo. Písalo y aplástalo, destruyelo y has como si nunca... nunca hubiese existido, borrame de tu memoria... borrame de tal forma que ni en un sueño puedas recordarme. - Dijo mirándole a los ojos.
- ¿Es enserio? - Interrogó, mientras sus ojos se inundaban de lágrimas.
- Cada vocablo. Ahora vete, déjame sola - Dijo mientras se alejaba.

Lo había hecho, había acabado con lo único bueno que había tenido su vida desde... siempre.
Por un instante cerro sus ojos y respiro profundo, corrió alejándose de él, corrió para olvidar todo aquel dolor que le había destrozado la vida, corrió pensando que iba a un lugar de felicidad, de perfección.
Pero... ahí estaba Michael otra vez, corriendo tras ella, mientras su mirada de empañaba por las lágrimas.
Ninguno de los dos podía oírse, en sus oídos y corazones lo único que se escuchaba era el dolor.

Al alcanzarla la abrazó tan fuerte como si fuese un reencuentro que no había ocurrido hace muchísimo tiempo, ella lo empujo pues quería dejarlo ir, pero él se negaba.

- No puedo - Murmuró Michael.
- Si puedes, corre y se libre.
- No sin ti, no puedo.

Ella guardo silencio, lo observo y corrió de nuevo mientras él se quedaba sentado en la arena viéndola.
Estaba agotada de todo, se arrodillo en la arena a bastante distancia de él y comenzó a llorar, en cada lágrima tomaba un puñado de arena y lo apretaba en sus manos con todas sus fuerzas, pero no era suficiente, algo la interrumpió... era un vidrio de botella, era su solución.
Lo tomo con su mano derecha y lo apoyo sobre su muñeca izquierda, mientras trazaba imaginariamente una línea, por donde el vidrio debía ir.


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