sábado, 24 de septiembre de 2011

Jar of Hearts

Capítulo 22.







– Michael, esto está mal, no debió ser.
– ¿Por qué? ¿Qué ocurre?
– Por Hayley y por...Lisa, estás casado con ella, esto está mal – Dijo tratando de levantarse de la cama, pero Michael la detuvo.
– Lisa es parte de mi pasado, ya no la amo.
– ¿Y Hayley? ¿Acaso te olvidaste de ella? Desde siempre me dijiste que la amabas, ¿donde quedo eso o te olvidaste de ese amor, porque desapareció hace 4 años? 
– No, Nicole no es así. Tú sabes que te ame y aún sigo amándote – Dijo besándola.
– Y yo aún conservo ese anillo.










Luego de quedarse dormidos, la noche comenzaba a marcharse y la madrugada traía consigo unas cuantas sorpresas.










Michael despertó y al ver a Nicole aún dormida, prefirió no molestarla y levantarse de tal manera que parezca que sus pies no tocan el suelo.


Al bajar las escaleras, le parecía que alguien lo observaba, volteó hacia la sala y... ahí estaba Lisa, con un vaso en la mano.




Por lo que veo, tuviste una buena noche Michael Dijo dando un sorbo al líquido de su vaso.
Lisa... ¿qué haces tú aquí? Dijo un poco sorprendido.
Ya firme tu maldito papel para el divorcio, puedes acostarte con tantas p*tas quieras. ¡Oh! Espera, no son ellas las p*tas sino mi ex marido Dijo arrojando el papel al suelo, para luego marcharse.














- Un año después.











Desde que Nicole se había ido, Michael no hacía nada más que encerrarse en su habitación y de vez en cuando ir a casa de Hayley, manteniendo las esperanzas de que algún día podría verla de nuevo, como era antes, no esa Hayley que veía, tan diferente, desde que había aparecido.


Con las manos en los bolsillos de su pantalón, unas gafas y un sombrero, caminó a paso lento a casa de Hayley como de costumbre.
Entro a la casa y la recorrió, mientras millones de recuerdos volvían a su mente. Al subir al segundo piso, vio una de las puertas entre abiertas y una silueta. Al acercarse aún más, pudo ver a una Hayley bastante diferente.


- Hayley - Dijo un poco sorprendido.


Ella volteó y lo vio.


- Ella no está aquí - Dijo indiferente.
- Hayley, eres tú - Balbuceó mientras una sola lágrima resbalaba por su rostro.
- Yo no te conozco, tú no me conoces - Dijo levantándose de la cama - No quiero ver que alguien a quién no conozco este en mi casa.


Pero él no la escucho, solo la abrazó y la besó. Ella lo empujó para quitarselo de encima.


- ¿Qué te pasa? ¡Vete de aquí quien quiera que seas!
- Soy Michael Hayley.
- Hayley está muerta, siempre lo ha estado, pero esta vez desapareció para siempre Michael - Dijo dandole la espalda.
- No, Hayley - Murmuró abrazandola de nuevo - Extrañaba ver esos ojos celestes - Dijo observándola.
- No me hagas esto. ¡Quiero olvidarme de quién soy y que hice! Quiero empezar de nuevo, no me digas más Hayley, ¡Maldita sea! - Dijo llorando en el hombro de Michael.


Él secó las lágrimas que brotaban de los ojos de ella, aquellos ojos que nuevamente veían la luz con una nueva identidad, pero un mismo pasado. Poco a poco iban acercándose para dejar que sus labios se unan nuevamente en un beso. Luego de varios días luchando por poder cruzar más de una palabra con Hayley, Michael había logrado más que eso, más que un beso, había logrado recorrer la piel de la chica nuevamente, quitándo aquellas prendas que envolvían en cuerpo de Hayley y a la vez desprendiendose de sus mismas prendas, para dejarlas caer en una oscuridad que no importaba, porque la tenía de nuevo y no quería dejarla ir.
Luego de que Michael se quedara dormido, Hayley se la puso la camisa de Michael, luego recogió su ropa del suelo y fue a darse un baño. 
Amaba ese aroma que poseía la ropa de Michael por lo que se puso nuevamente la camisa y su ropa interior, dejándo su ropa sobre una silla.
Estaba arrepentida ¡Maldita sea! No quería vivir lo mismo que ya había vivido, no quería sufrir, preferiría morir, rápido y sin dolor. Se quitó la camisa de Michael y busco algo que pueda cortar, unas pastillas anticonceptivas y un vaso con agua.
Quería gritar, pero sentía que no podía, como que algo no dejaba salir su voz y solo la dejaba llorar. Comenzo a cortar sus brazos y su vientre, mientras las lágrimas, una tras otra salían de sus ojos.






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