
Ella cerró los ojos, tratando de controlarse, pero simplemente no pudo y dio una bofetada a Michael.
- Querías sinceridad - Dijo con una de sus manos en su mejilla.
- Quería sinceridad, no descaro Michael - Dijo arrojándole en su cara la camisa que anteriormente traía puesta para después tomar su polera y salir de la habitación.
Al cerrar la puerta luego de salir de la habitación, Hayley se sentó junto a ella y rompió nuevamente en llanto, se levantó y busco por las habitaciones alguna botella de alcohol y un cuchillo, entro a la primera habitación que se le puso en frente y comenzo a beber y beber, quitó las vendas de sus brazos, quería hacerse daño de nuevo.
No sabía porque le afectaba tanto, sin embargo, lo único que queria ahora era que su corazón dejara de latir, lo había deseado antes tantas veces, pero ahora realmente lo deseaba. Se ahogaba en su propio llanto, en su dolor y con el alcohol que tomaba.
Michael había entendido que había herido mucho a Hayley. Sentía que era lo peor, debía apoyar a Hayley y ayudarla a salir adelante, pero estaba haciendo todo lo contrario. La buscó con desesperación, hasta dar con una habitación con la puerta cerrada con llave, tenía miedo.
- Hayley, se que fui un estupido, el peor de todos por decirte eso, por favor abreme la puerta - Dijo tratando de no llorar.
- ¡Vete Michael! No te abriré ni ahora ni nunca, primero muero.
- No digas eso por favor, abreme.
- ¡Vete! ¡No quiero verte, no quiero oirte, no quiero que sientas lástima por mi, no quiero que intentes salvarme de algo que ya no puedes, no quiero que intentes ayudarme porque no puedes, porque no puedo ayudarme ni yo misma! ¡No puedes rescartarme, no pondrás nunca, porque no quiero y no puedo dejarte que lo hagas!
Los minutos avanzaban, transformándose en horas y Michael parecía darse por vencido, sus voces ya no se escuchaban.
Él se encontraba sentado en el suelo, su espalda apoyada en la puerta y sus ojos cerrados, sumido en un profundo pero a la vez leve sueño. Algo perturbo su sueño, apoyo su oido en la puerta, todo estaba tranquilo, ningún ruido se podía escuchar, eso no era buena señal.
Busco alguna llave que tal vez pueda abrir esa puerta que lo separaba de Hayley, encontrando solo tres, una de ellas debía y tenía que abrir esa puerta, intento con las dos pimeras, pero no pudo, pensó que tal vez la tercera podría servirle de algo, pero tampoco, por lo que tuvo que tumbar la puerta.
Su mirada se topo con una botella rota, los pedazos esparcidos por todos lados, manchas de sangre en la alfombra, sábanas por todos lados, marcas en la pared, pero Hayley no estaba ahí. En un intento desesperado recorrió la habitación y su mirada choco contra la puerta del baño, se acerco con lentitud y entro en él, le llamo la atención que la bañera este con el agua hasta arriba, se acercó de tan manera que parecía una escena en cámara lenta y bajo toda esa agua estaba Hayley, con sus ojos cerrados.
La respiración de Michael comenzó a agitarse, comenzó a sentir un nudo en su garganta, sus ojos desprendian pequeñas gotas. Su cuerpo reaccionaba de manera independiente a su cabeza, no de forma conjunta, no como uno solo.
Saco a Hayley de aquel lugar y la dejo en el suelo, parecía no tener pulso, su rostro era aún más blanco de lo que era normalmente, estaba realmente helada, sus ojos se mantenían cerrados y su respiración solo se podía apreciar, viéndola detenidamente. El masaje cardíaco parecía no tener los resultados esperados, su vida parecía irse de este lugar, parecía desprenderse de su cuerpo.
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