Capítulo 29.
La mañana transcurrió de una forma normal, luego de almorzar Michael salió, sin avisar. Hayley corrió al baño, al salir de ahí, se recostó en la cama, mantenía su mano izquierda sobre su vientre, y la derecha sobre su cabeza, con los ojos cerrados, transcurrieron alrededor de quince minutos en esa postura, para luego levantarse de la cama y asomarse al balcón, su cabello se movía lentamente con el viento.
Sintió que una mano se posaba en su cintura y otra en su hombro descubierto por la polera, cerró sus ojos, era Michael. Ella suspiró, con sus ojos cerrados.
- Hayley, pase lo que pase, por favor nunca me ocultes nada, sea lo que sea, no voy a juzgarte - Susurro en el oído de ella.
Ella rompió en llanto y lo abrazó. Necesitaba un abrazo, no podía más. Sentía una presión muy grande, hasta que se desmayó en los brazos de Michael.
El tiempo transcurría y cada vez se veía más cerca la llegada del bebé.
Al llegar a casa, todo estaba desordenado, la puerta abierta, muchas cosas en el suelo. Él iba entrando en la habitación, lo único que podía ver, eran rastros de sangre por la alfombra, las sábanas rasgadas, los vidrios de la ventana rotos, las paredes rayadas y ella... bajo la ventana, mientras las cortinas se movían con el viento. Tenía sus ojos cerrados, su ropa tenía manchas de sangre, a pasos de ella había un arma.
La contemplo, aún en shock por la escena, cayó al suelo de rodillas y cerró sus ojos fuertemente, dejando escapar más de una lágrima, tiro de su ropa de una forma desesperada, cuestionandole al mundo lo que estaba ocurriendo. Avanzó hasta donde estaba ella, tocaba su rostro y le hablaba, le pedía que volviera, pero parecía no dar resultados.
¿Qué iba a hacer ahora sin Hayley? Había prometido cuidarla, pero no había cumplido, no había estado ahí para protegerla.
El tiempo transcurría y cada vez se veía más cerca la llegada del bebé.
Al llegar a casa, todo estaba desordenado, la puerta abierta, muchas cosas en el suelo. Él iba entrando en la habitación, lo único que podía ver, eran rastros de sangre por la alfombra, las sábanas rasgadas, los vidrios de la ventana rotos, las paredes rayadas y ella... bajo la ventana, mientras las cortinas se movían con el viento. Tenía sus ojos cerrados, su ropa tenía manchas de sangre, a pasos de ella había un arma.
La contemplo, aún en shock por la escena, cayó al suelo de rodillas y cerró sus ojos fuertemente, dejando escapar más de una lágrima, tiro de su ropa de una forma desesperada, cuestionandole al mundo lo que estaba ocurriendo. Avanzó hasta donde estaba ella, tocaba su rostro y le hablaba, le pedía que volviera, pero parecía no dar resultados.
¿Qué iba a hacer ahora sin Hayley? Había prometido cuidarla, pero no había cumplido, no había estado ahí para protegerla.

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